27 de julio de 2011

Julio Fernández: "El problema de Uruguay en educación es que tiene una parálisis."

El padre jesuita Julio Fernández (45 años) es especialista en educación y en historia, y su tesis doctoral, que realizó en la Universidad Complutense de Madrid, fue sobre historia de la educación en Uruguay durante el siglo XIX. Actualmente, Fernández es director académico del Colegio Seminario, al que concurren 1.800 alumnos.

Entrevista de Pilar Besada para diario "El País", MVD, UY 


-Usted viaja frecuentemente y conoce otros sistemas educativos. ¿Qué pasa en Uruguay que en otros países no?

-El problema de Uruguay en educación es que tiene una parálisis. O sea, el modelo, que es del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX, está como paralizado, y es un modelo que en el resto del mundo ya no existe. Lo que se trata de hacer siempre para arreglar los problemas es emparchar lo que ya está. Nunca es animarse a pensar otro modelo. ¿Por qué? Por cómo está organizada la educación, en torno a asignaturas. Cada inspector de asignatura y cada profesor tira para su lado, defiende su sector, su corporación docente, y es muy difícil decirle a alguien `esta materia se suprime`.

-¿Cuál sería el primer cambio que habría que hacer?

-En primer lugar hay que dar libertad. No libertad en sentido total, pero sí un mayor margen para flexibilizar, tanto en la enseñanza privada como pública. Tendría que haber un cuerpo fundamental y obligatorio, y luego dar flexibilidad y libertad para organizar las cosas que no son fundamentales. Claro, para cada docente su materia es fundamental. Pero la realidad es que no es así. En segundo lugar, tenemos que hacer el parricidio con los mitos uruguayos, liberarnos del pasado. No puede ser que en el siglo XXI sigamos diciendo que algo es vareliano o antivareliano. No tiene ninguna relevancia. En tercer lugar creo que hay que salir a ver el mundo. No hay ningún sistema que sea perfecto, pero claramente hay sistemas mucho mejores que el nuestro.

-Hoy se debate mucho sobre educación, pero todavía no se ven mejoras en los resultados. ¿Qué cree que hay que hacer?

-El tema educativo está en la agenda pública pero muy recientemente, desde que se divulgaron los últimos resultados de las pruebas PISA, en 2010. Y los cambios no se dan tan rápido. Pero me alegro mucho de que esto se haya transformado en una polémica social. El hecho de que el Vicepresidente haya cuestionado uno de los mitos más grandes, como es el tema de la autonomía de la educación, es muy bueno. Me alegra que Astori haya puesto en discusión esto que era algo intocable, algo que es una singularidad uruguaya y no para sentirse orgulloso. Es muy difícil cambiar nuestro sistema educativo con el régimen actual. Creo que la educación tiene que tener una dirección política del Ministerio de Educación, como en todo el mundo. Y si hay que reformar la Constitución, que se reforme.

-También se discute sobre la flexibilización de los reglamentos de evaluación. ¿A usted le consta que bajaron las exigencias?

-Yo creo que los estándares están bajando. Se han flexibilizado, por ejemplo, los regímenes de asistencia. Es casi imposibles retener a un chico. Además es curioso, porque es una tendencia que va en contra de lo que pasa en el mundo. Porque como la inseguridad va creciendo, en general en los países cada vez la responsabilidad de los centros educativos es mayor y los alumnos salen menos de los centros. Esta política de flexibilizar la asistencia tampoco responde a nuestra situación social, que es cada vez más insegura. Y creo que los estándares de exigencia han bajado también en el sentido de que los alumnos aprenden menos.

-¿La educación privada logra mejores resultados?

-En Uruguay están muy imbricadas la educación pública y la privada, por la sencilla razón de que compartimos los docentes. Si en un lugar les exigen determinado nivel, es más difícil establecer otro nivel en otro lugar. Los estudiosos dicen que cuando la enseñanza pública va mal, la enseñanza privada también va mal. Porque se emulan mutuamente. En Uruguay no es que solamente hay problemas en la enseñanza pública, también hay problemas académicos en la enseñanza privada, y las pruebas PISA también lo mostraron. Claro, hay cosas que funcionan mejor en la enseñanza privada, hay mucho más contención, mucho más cuidado, pero académicamente no es tan así.

-¿Cuál cree que fue el resultado más preocupante de las pruebas PISA?

-Si nos miramos en el contexto latinoamericano no somos el país que está peor. Pero el gran drama es que hay países que están mejor que nosotros pero van subiendo, y nosotros vamos bajando. Además, estamos mejor que Perú por ejemplo, pero Perú tiene una diversidad racial y lingüística que nosotros no tenemos. Tienen que lidiar con una cantidad de dificultades, al igual que Chile, Paraguay, Bolivia, Ecuador o Colombia. Con la homogeneidad cultural que tenemos deberíamos estar muchísimo mejor que ellos, y no lo estamos. El caer en la cuenta de eso es fundamental. Dejar de creer que en el fondo la educación no está tan mal. Está muy mal, la situación en la educación de Uruguay es terrible. Es una tragedia.

-¿Cree que la educación necesita más recursos?

-Tengo claro que la calidad educativa no va unida a la cantidad de dinero. Aquí se probó claramente cuando los sueldos se duplicaron y los resultados fueron a peor. Tiene que ver con cómo se gasta el dinero. El sistema educativo nuestro es muy costoso, por la multiplicidad de docentes y por la cantidad de cargos que requiere. En general falta mucha eficiencia y eso encarece.


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