18 de diciembre de 2009

Educación responsable

Palabras del Rector de la Universidad de ORT, Dr. Jorge Grünberg, en la reciente ceremonia de graduación de egresados.

El primer cometido que transmitió a los graduados fue el de fijarse metas ambiciosas. Es necesario, dijo, mirar más allá del horizonte y empujar las fronteras de la imaginación. El ejercicio profesional debe guiarse por la brújula de la ética y la integridad personal, pues la sociedad tiene derecho a esperar de sus universitarios una conducta ceñida a los valores de la honestidad.

El continuar siempre aprendiendo es una inversión permanente. No hay que resignarse a lo que Uruguay ofrece, porque el país de hoy no es el que podemos hacer en el futuro, transformado por su gente.

Es necesario también el compromiso con el bien común, porque el éxito personal no puede ser la medida del éxito de un proyecto de vida. Lo que da la real medida de nuestro valor, es la contribución a los demás, a nuestra sociedad, brindando oportunidades a todos los uruguayos de acceder a la educación superior. Hoy se vale por lo que se sabe, no por lo que se tiene, y es la suma de los aprendizajes de una sociedad la nueva medida de la riqueza de un país. En una sociedad ética y equitativa cada uno tiene que hacer su parte con su trabajo, pero también cada uno debe tener su oportunidad. Y la sociedad, por su parte, si bien debe apoyar a los más débiles no debe hacerlo para consolidar su dependencia, sino para ofrecerles nuevos comienzos. Una democracia se oxida si está constituida solo por una minoría de militantes y una mayoría de espectadores.

Nuestra sociedad está dividida por valores que se oponen en apariencia. Pues bien, hay que superar esa falsa oposición entre la libertad y la equidad, entre solidaridad y responsabilidad individual, entre autonomía y rendición de cuentas, o entre Estado y sociedad civil. Cada factor depende del otro. Sin Estado nos transformamos en Somalia, sin sociedad civil en Corea del Norte. No hay prosperidad sostenible sin equidad, pero tampoco sin libertad, emprendimiento e innovación.

Nuestro país eligió nuevo gobierno, pero ese cambio sólo será trascendente si sirve para cambiar al país, aprovechando la oportunidad única que se presenta a esta sociedad del conocimiento, de transformarse en una potencia creativa y de producción de conocimientos. La oportunidad ofrecida a fines del siglo XX se desperdició y no podemos esperar más quinquenios para modernizar al país, su sistema educativo, su modelo productivo, su capacidad de innovación. El tiempo es un recurso no renovable. La verdadera revolución que necesita el Uruguay es cambiar su cultura abriéndose al mundo más permeable al cambio, dispuesto al emprendimiento y consciente de la diversidad cultural.

Hay esfuerzos de innovación con amplio apoyo social, como el Plan Ceibal, pero en el largo plazo tiene límites, pues es escaso el acceso de los uruguayos a Internet y en la práctica y gestión pedagógica de nuestras escuelas no hay flexibilidad. Solo un tercio de nosotros termina secundaria, y poco más del diez por ciento tiene educación universitaria, pero este Uruguay en que se piensa no es quimérico. Ya existe, como un país invisible de innovadores que producen para el mundo software, video juegos, biotecnología, productos audiovisuales y otras creaciones de la inteligencia. Ese Uruguay silencioso, meritocrático, creativo, tiene que pasar a ser visible, asertivo y orgulloso.

Terminada esta síntesis de conceptos, la gran pregunta nos la hacemos nosotros. ¿Alguien cree que la calidad de la educación que tenemos hoy admite recoger el guante a esta propuesta?

Que cada uno que la conozca con propiedad dé su respuesta con la mano puesta en el corazón.


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