12 de junio de 2014

La "letra chica" que el usuario de Whatsapp acepta sin leer

Al descargar WhatsApp, una de las aplicaciones más utilizadas en Uruguay y el mundo, aparecen dos botones: uno que dice "Términos y condiciones" en español y subrayado, y otro más grande que invita: "Aceptar y continuar".

Si el usuario presiona el primero accede a 6.139 palabras, unas 12 hojas de Word aproximadamente, que muestran lo que puede y no puede hacer en el popular servicio de mensajería instantánea.

Las actualizaciones de estado se encuentran entre las licencias que el usuario le concede a la aplicación. Se trata de la foto de perfil, la última hora de conexión y los mensajes que el usuario escribe con texto o un icono y que ve cualquiera que lo tenga en su lista de contactos que no haya bloqueado. Los que el servicio tiene predeterminados son "en el trabajo", "durmiendo", "batería baja" o el tradicional "¡Hola! Estoy utilizando WhatsApp", entre otros.

Sobre esta información "WhatsApp no garantiza ninguna confidencialidad", según señala en el inciso cinco. Jorge Morell, magíster en Derecho de Internet para la Empresa y autor del sitio TerminosyCondiciones.es, una web donde se dedica a estudiar las bases de cada servicio tecnológico, afirmó: "Aunque sea terriblemente cuestionable, justo eso nos dicen y lo aceptamos".

Al usar la mensajería, el usuario "reconoce y está de acuerdo" en proveerle a WhatsApp su número de celular, así como el número de su lista de contactos. Eso sí, la aplicación asegura que no almacena el nombre del usuario. Sobre los mensajes que se envían, WhatsApp afirma que no los guarda. Cuando alguien envía una foto, por ejemplo, llega a los servidores de la aplicación de manera transitoria (es cuando aparece un tic) y luego arriba al teléfono del usuario en cuestión, siempre y cuando esté conectado (y allí se exhiben dos tics). Si durante 30 días, esa persona no está online, el mensaje desaparece.

Por otra parte, WhatsApp le pide al usuario ciertos "compromisos". El primero es que la persona que accede a utilizar el servicio "afirma" tener "al menos 16 años". En caso contrario, el individuo debe tener la autorización de su padre, madre o tutor.

En cuanto a los mensajes, aquellos que son de contenido "adulto" deben "identificarse como tales", afirma la compañía.

El usuario también se compromete "a no recolectar información personal identificable, como puedan ser nombres de usuario, o usar el servicio para spam o comunicaciones comerciales", afirma Morell en su sitio web. Es decir, está prohibido hacer algún tipo de campañas publicitarias por parte de las empresas.

Al estar de acuerdo con los términos y condiciones, la persona "acepta que no podrá enviar material que sea ilegal, obsceno, difamatorio, calumnioso, amenazante, acosador, odioso, racial o étnicamente ofensivo, o alienta una conducta que pueda ser considerada una ofensa criminal".

Los usuarios de tecnología parecen ser impunes con los servicios que utiliza. No obstante, los términos y condiciones de uso proporcionan información sobre cómo puede ser eliminada.
En esta app, por ejemplo, los "empleados autorizados, agentes, subagentes, superagentes o superhéroes" de la aplicación pueden determinar cuando una persona es "molesta" y darla de baja. En este sentido, el servicio puede decidir si lo que dice un estado es apropiado o no.
WhatsApp no es de las compañías informáticas que más cambia los términos de su servicio. 

La última vez que lo hizo fue en julio de 2012. Eso sí, lo puede hacer "cuando quiera" y es "responsabilidad del usuario" verificarlas para "detectar cambios". "Si seguimos usando el servicio, significa que aceptamos los nuevos términos y condiciones", concluye Morell.

 

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